02 diciembre 2011

Heavy soul

Tengo un alma pesada.
Recuerdo escuchar esta canción, este disco, muchas canciones de Paul Weller tumbado en aquel suelo maltrecho y abombado de mi habitación con aquella puerta que no cerraba del todo, junto al cuarto de baño del Cottage 2, en Evershot, con mis manos y mi cabeza apestando a grasa, aceite y Fairy, después de trabajar a destajo en la cocina del hotel Summer Lodge. Tenía el discman junto a mi y los pequeños altavoces Sony a ambos lados de mi cabeza. Los ojos cerrados. Sintiendo que estaba lejos de lo cotidiano. Cogiendo fuerzas. Recuperándome. Volando. Lejos, lejos de todo...
Ahora me gusta escuchar este tema pensando que estoy cerca de algo grande. Al menos, pudiendo contemplar este tema con sus dos partes juntas.





HEAVY SOUL (Music & Lyrics by Paul Weller)
We're words upon a window
Written there in steam
In the heat of the moment
At the birth of a dream

Vapors passing really
So I'm touched by the thoughts
In the fleeting minutes after
The time that we've come

Come and go, you know, where the wind blows
An' though I couldn't define
I can only tell you that I
Got a heavy soul

Tuesdays dressed in shearling
Anchored on belief
In the sunlight on the water
Or rain upon a leaf

And I'm touched by its' beauty
And I hope to touch you too
'Cause I still seek the same things
That I once sought to be true

And you know, that's where the wind blows
Tho' I wouldn't be lying, when I tell you that I
Got a heavy soul, it's a joy to know
I've just told you so, I've got a heavy soul

Words upon a window
Written there in steam
In the heat of the moment
Everything is what it seems

Vapors passing nearly
So I'm touched by the thought
That I can't be beaten
And I can't be bought

And you'll know
It's a joy to know
I don't think, I'd be lyin'
When I tell you that I
I've got a heavy soul

And it's a joy to know
I've just told you so
Yeah, I've got a heavy soul
And it's a joy to know

I've just told you so
I've got a heavy soul
Got a heavy soul

08 noviembre 2011

Hay que romper las cadenas


Madres, burkas y marujas
Texto de Arturo Pérez-Reverte publicado en el suplemento XlSemanal, el 31/10/2011

En 1991, mientras esperaba en Dahrán la ofensiva norteamericana para liberar Kuwait, presencié un suceso curioso. Frente al mercado Al Shula había un vehículo militar con una soldado norteamericana al volante. En Arabia Saudí está prohibido que las mujeres conduzcan automóviles; así que una pareja de mutawas -especie de policía religiosa local- se detuvo a increpar a la conductora. Incluso uno de ellos le golpeó con una vara el brazo que, con la manga de camuflaje remangada, apoyaba en la ventanilla. Tras lo cual, la conductora -una sargento de marines de aspecto nórdico- bajó con mucha calma del coche y le rompió dos costillas al de la vara. Ésa fue la causa de que durante el resto de la guerra, a fin de evitar esa clase de incidentes, la Mutawa fuese retirada de las calles de Dahrán. Pensé en eso el otro día, al enterarme de un nuevo asunto de chica con problemas por negarse a ir a clase sin el pañuelo islámico llamado hiyab. Y recuerdo la irritación inicial, instintiva, que sentí hacia ella. Mi íntimo malhumor cuando me cruzo en la calle con una mujer cubierta con velo, o cuando oigo a una joven musulmana afirmar que se cubre la cabeza en ejercicio de su libertad personal. Cómo no se dan cuenta, me digo.

Cómo no les escuece igual que ácido en la cara la sumisión, tan simbólica como real, a que se someten. Recuerdo, por ejemplo, que hace cuarenta años mi madre aún necesitaba la firma de su marido para sacar dinero del banco. Y me llevan los diablos. Tanto camino, me digo. Tanta lucha y esfuerzo de las mujeres para conseguir dignidad, y ahora una niñata y cuatro fátimas de baratillo -como las llamaría el capitán Haddock- pretenden hacernos volver atrás, imponiendo de nuevo, en la Europa del siglo XXI, la sumisión irracional al hombre y a las reglas hechas por el hombre.

Reclamando tolerancia o respeto para esa infamia. Pero no es tan simple, concluyo cuando me sereno. Incluso aunque digan actuar con libertad, esas mujeres siguen siendo víctimas de un mundo cuyas reglas fueron impuestas por los hombres para garantizarse el control de su virginidad, su fertilidad y su fidelidad. Después de escucharnos decir lo libres de conducta que pueden y deben ser, esa muchacha o la señora del velo van a casa y se cruzan en la escalera con el imán de su mezquita, que vive en el quinto piso, o con el chivato hipócrita que a veces incluso luce una pasa en la frente -ese moratón de pegar cabezazos en el suelo al rezar, para que todos sepan lo buen musulmán que es uno-, que vive en el segundo. Y con ellos, y con el padre, el marido o el abuelo que están en casa, esas mujeres tienen que convivir cada día, y casarse, y criar familia, y ser respetadas por una comunidad donde la religión suele estar por encima de las leyes civiles, o las inspira.

Una sociedad endogámica, especializada en marcar y marginar -cuando no encarcelar o ejecutar- a quienes discrepan o se rebelan; y cuyos más radicales clérigos, esos imanes fanáticos que recomiendan a sus fieles machacar a las mujeres para que no se desmanden, son tolerados y hasta amparados, de manera suicida, por una sociedad occidental demagoga, estúpida, desorientada, con el pretexto de unos derechos y libertades que ellos mismos niegan a sus feligreses. Todo eso, en vez de ponerlos en la frontera en el acto, si son extranjeros, o meterlos en la cárcel, si son de aquí, cada vez que humillan o amenazan a la mujer en una prédica.

Una sociedad, la nuestra, incapaz de plantearse el verdadero nudo del problema: si una niña que durante catorce años fue a un colegio normal, entre chicos y chicas, resuelve de pronto ponerse un pañuelo en la cabeza, es que algo con ella estuvo mal hecho. Que alguna cosa no funciona en el método; falto de una firmeza, una claridad de ideas y una persuasión que no tenemos. En todo caso, si a menudo es la mujer la que elige ser hembra sumisa en vez de sargento de marines, y con su pasividad o complicidad educa a los hijos en esclavitudes idénticas a las que ella sufrió, tampoco es justo que el Islam se lleve todas las bofetadas. En materia de esclavitudes, sumisión y transmisión de costumbres a hijas y nietas, igual de infame es el espectáculo de esas españolísimas marujas presuntamente modernas, libres y respetables, que babean en programas de televisión aplaudiendo y diciendo te queremos y envidiamos, guapa, bonita, a fulanas que encarnan lo que, en el fondo y a menudo en la forma, a ellas les habría gustado ser, y desean para sus propias hijas: analfabetas sin otra aspiración en la vida que convertirse en putizorra de plató televisivo. Y esos aplausos y admiración -hasta autógrafos les piden, las tontas de la pepitilla- me parecen tan indignos y envilecedores para las mujeres, tan turbios y reaccionarios, como un burka que las cubra de la cabeza a los pies.


22 octubre 2011

Sueños

Me gusta la arquitectura anárquica e inmediata de los sueños y la aparente normalidad con la que se suceden las imágenes y situaciones. Últimamante tengo sueños muy vívidos, llenos de acción y de imágenes con las que disfrutaría viéndolas en una pantalla de cine. Lo mejor es que me encuentro dentro de momentos realmente absurdos, pero llenos de realidad. Como todos los sueños.

Hace unas semanas me perseguía la policía porque, después de que me declararan culpable por algo que no recuerdo, me fugué de los juzgados. El resto del sueño consistía en cómo me las arreglaba para adelantarme a todo lo que pudiera hacer la policía para encontrarme, sitios a los que supuestamente iría, mi rastro de compras con tarjeta, etc. Ayer mismo, por ejemplo, soñé que se acababa el mundo, y se reunían cientos de personas en una habitación de mi casa. Todo el mundo estaba pendiente del gran pepinazo destructivo, excepto un señor que, tranquilamente, seguía introduciendo unos datos en un ordenador. Luego vinieron las dudas sobre lo que nos iba a pasar, las ida de olla pensando en qué podríamos hacer para aprovechar lo que nos quedara de tiempo, pero claro, la gente no trabajaría ni haría nada. Total, todo se acabaría. Para qué me iba a ganar el sueldo yo. Bastaba con dejar unas cámaras grabando las calles desiertas y poner un hilo musical de fondo en la tele. Así que olvidaros de un crucero, un viaje paradisíaco, una gran comilona o ese Ferrari que siempre quisiste conducir. Quién coño movería un dedo sabiendo que en breve todo se iría a tomar por culo. El caso es que me di cuenta de una cosa: Sí, nos dijeron que se acababa el mundo, pero no dijeron CUÁNDO. Todos dimos por hecho, en ese sueño absurdo, que se acabaría esa misma noche. Pero no fue así. De todas formas, la idea existencialista de no hacer nada pensando en el "no-futuro" que nos esperaba, seguía presente, aunque afortunadamente, mis invitados fueron desalojando la habitación. Incluso el señor de los datos en el ordenador. 

El caso es que ayer, o esta noche, tuve un sueño la mar de cinéfilo. Sin saber por qué, me encontré en el metro a un antiguo profesor que tuve en la Facultad, y al que respetaba y respeto mucho. El hombre ahora sigue compaginando su labor docente con la política. Y es entonces cuando me lo encuentro en los tornos de una inmensa estación de metro repartiendo, literalmente, votos a la gente. Yo por simpatía le cogí unos votos y, sin venir a cuento, me encontré con él y otros compañeros suyos de partido en una especie de marcha nocturna por las calles. Como una procesión. Otro dato a tener en cuenta es que, en mis sueños, todo sucede en un intervalo de entre las 3 y las 6 de la mañana. Pese a la nocturnidad de esas horas, suele hacer sol, un sol como de eclipse parcial, con luz tenue. Sin apenas gente por la calle. El caso es que esta vez era de noche, y con una enorme luna llena brillando en el cielo e iluminando la ciudad y nuestra procesión. Entonces, me paro y veo que una nube va a atravesar la luna, justo por en medio. Todos nos paramos y miramos incrédulos lo que sucedía, ya que lo asociamos INMEDIATAMENTE con esta secuencia mítica de Un perro andaluz, del gran Luis Buñuel. Aquí el cortometraje completo:


Cuando esto sucedió todos aplaudimos emocionados. Entonces la luna desapareció y comenzaron a caer estellas fugaces por todo el cielo. La gente seguía caminando como si nada pero yo me di cuenta de un detalle. Siempre leí que antes de caer un gran meteorito, solía haber una lluvia de asteroides previa. Otra vez el fin del mundo, qué movida. De todas formas, seguí caminando. Y desperté.

05 octubre 2011

Cuando veo pasar los trenes


   CUANDO VEO PASAR LOS TRENES (Xabier Lete)  Cuando veo pasar los trenes
y la mirada se me pierde tras ellos,
evocan en mi fascinada memoria
aquellos viajes que no culminamos,
ciudades dispersas en las topografías del sueño,
cuando los días discurrían como trenes fugitivos
y llevaban a otra felicidad,
a un destino lejano que nunca sería nuestro,
pues lo sorprendente pasa a nuestra vera
mientras pagamos tributo a la vida,
yo quisiera subir
y viajar a tu ciudad, a tu estrella,
a tu misteriosa morada,
pero siempre desasosegado, carente, errático,
camino atrapado en aguas estancadas,
desde esta orilla te llamo,
me angustio,
me retienen las insidiosas ataduras de lo cotidiano,
pero llegará la hora puntual
en esa estación que a cada uno le ha sido adjudicada,
cruzaré la frontera
y me dirigiré al último viaje
en ese tren que tantas veces vimos pasar
tú y yo.

04 octubre 2011

Dignity



"...and I'm thinking about how good it would be
to be here some day

on a ship called dignity
a ship called dignity
that ship"

21 septiembre 2011

31 Canciones


"Siendo perversos, se podría argumentar que cuando se escucha música pop inglesa nunca se oye a Inglaterra. Los Beatles y los Rolling Stones eran, en sus años de formación, grupos de cover americanos que cantaban con acento americano; los Sex Pistols eran los Stooges con mala dentadura y un mánager ladino y Bowie la versión escuela de artes de Jackson Browne hasta que vio a los New York Dolls..."


(31 songs, Nick Hornby)

07 septiembre 2011

Un caracol en el filo de la navaja



"He visto un caracol, se deslizaba por el filo de una navaja, ese es mi sueño, más bien mi pesadilla, arrastrarme, deslizarme por todo el filo de una navaja de afeitar, y sobrevivir."

Coronel Walter E. Kurtz, Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979)

17 agosto 2011

Las uvas de la ira



"En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendimia"

(Grapes of Wrath, John Steinbeck, 1939)
Foto: Dorothea Lange

31 julio 2011

Los amigos del verano


A Miguel le daban miedo los tractores de la playa. Los veía como dinosaurios metálicos cuyas gigantescas ruedas aplastaban la arena y sus ruidosos motores tronaban delante de su cuerpo. Se sentía diminuto y frágil ante ellos. Era a mediados de los ochenta, Miguel tenía ocho años y le aterraba bajar a la playa. Daba igual que durante días llorara o patalease. Siempre acababa yendo a la playa con sus padres, aunque luego apenas se movía de la sombrilla. Todo cambió el día que conoció a Javi, un chico de su misma edad que se alojaba en el bungalow contiguo al suyo. La familia de Javi era enorme, casi dieciséis personas repartidas por toda la urbanización. Comparado con la suya, (mamá, papá y él), la algarabía de toda esa gente alrededor le hacía parecer que vivía un mundo diferente. Javi y él hicieron buenas migas nada más conocerse, en una de esas mañanas en las que no quería ir a la playa. Estaba Javi en la acera con unos primos suyos preparándose para ir a la playa y se acercó a Miguel, que lloraba junto al coche de sus padres.

- ¿Por qué no quieres ir a la playa?
- Me dan miedo los tractores. Creo que me van a aplastar.
- Qué dices. Mi padre me ha dicho que sólo están en una parte donde van a construir hoteles. Además, si te aplastasen irían a la cárcel.
- No sé.
- Mira, nosotros vamos a la playa ahora. Me han regalado estas gafas de buceo superchulas. Si quieres la probamos y vemos qué hay debajo del agua.

Aunque Miguel no sabía nadar, se colocó esas gafas y agachó la cabeza en una zona donde hacía pie, junto a las rocas. Pudo ver la pálida arena moviéndose lentamente cuando movía los pies, caracolas, piedrecitas y algunos peces. Sus pequeñas manos brillantes bajo el agua agarraron algunas conchas que luego enseñó a sus padres orgulloso. Desde entonces deseaba bajar a la playa todos los días.

Miguel y Javi se divirtieron mucho ese verano y las dos familias se hicieron muy amigas. Compartían zona de la playa, daban paseos en coche por la isla y cenaban juntos algunas veces. Como Javi, sus hermanos y sus primos sabían nadar, entre todos ayudaron a moverse a Miguel en su flotador hacia zonas un poco más alejadas de la costa donde podían hacer lo que quisiesen sin que la vigilancia de sus padres. Por las tardes, cuando bajaban a la feria, Miguel y Javi se metían por las rocas que bordeaban el paseo marítimo jugando a que estaban en una película de aventuras. Se perseguían, se atrapaban, resolvían misteriosas desapariciones, encontraban restos escondidos entre las rocas, un bolso, un zapato, una cartera vacía, latas de refresco, un reloj. Dos veces a la semana iba con los primos de Javi a ver películas en la pantalla al aire libre que había cerca de la playa. Siempre ponían películas de acción de la época y alguna comedia antigua que sólo hacía gracia a los más veteranos del lugar. A Miguel le encantaba sentirte parte de esa familia, rodearse de chavales más mayores que él que se hacía bromas entre ellos, vacilaban a las chicas y se retaban a ver quién hacía la barrabasada mayor. Luego comían bocadillos de calamares hasta que no podían más y tiraban los restos a la playa. Miguel imitaba todo lo que ellos hacían y se reían con él. Javi jugaba con el grupo de chicas que venía a veces con ellos, amigas de su prima Carmen. Una de ellas, Ariadna, tonteaba con Miguel todo el rato. Le gustaba llamar su atención y que le cogiese de la mano cuando volvían a casa.

El último día quedaron las dos familias para comer una paella en un restaurante muy conocido de la zona. Miguel y Javi se pasaron toda la mañana persiguiéndose entre las calles como en la película que vieron la noche anterior: El guerrero americano. Hacían como si se tirasen estrellas ninjas, se golpeaban con nunchakus y se disparaban con escopetas imaginarias, haciendo click click cuando recargaban la recortada. Ellos se divertían mucho mientras Ariadna andaba mosqueada porque no le hacían caso. La madre de Javi les dijo que se fueran a lavar las manos porque iban a comer, así que Miguel y Javi bajaron al cuarto de baño del restaurante, saltando por las escaleras y lanzándose estrellas ninja.

En el baño hicieron pis y luego fueron a lavarse las manos. Había dos primos de Javi y entre todos jugaron a echarse agua del grifo a la cara. Se quedaron solos Javi y Miguel y este vio junto al lavabo un pulverizador con líquido dentro. Apretó y le lanzó el líquido a la cara de Javi entre las risas de los dos niños. De repente, Javi se llevó las manos a la cara gritando de dolor “¡No veo, no veo!”. Su cara se puso muy roja y Miguel dejó caer al suelo el pulverizador, asustado. Entró rápidamente uno de sus hermanos y, mientras Javi lloraba y gritaba de dolor, le echó muy nervioso agua a la cara. Miguel salió del baño y subió corriendo las escaleras. Vio en el salón del restaurante a todos comiendo la paella. Unos primos robaban los calamares del plato de otro. Los tíos bebían vino. Ariadna se reía por las cosquillas que le hacía Carmen. Mamá y papá hablaban relajados con los padres de Javi. Miguel les vio a todos como si fueran unos extraños. Él no podía sentarse allí. No sabía qué hacer. Sólo sentía una presión en el pecho que le hacía sudar y le provocaba que sus piernas temblasen. Salió a la calle y se puso a caminar cada vez más rápido, sin saber a dónde ir. Lloraba. No podía oír ni ver nada. Sólo le venían imágenes de Javi gritando y llorando con los ojos cerrados. El desagarro agudo y continuo de su llanto y las manos nerviosas de su hermano al echarle agua.

Vio el mar al final de la calle junto a la playa. Siguió caminando deprisa y al cruzar la acera no vio a una moto que pasaba por su izquierda. Aunque pudo frenar, ésta no pudo evitar que golpease a Miguel, estampándolo de espaldas contra el suelo. La moto volvió a arrancar y se marchó mientras Miguel se levantaba tambaleándose. Quiso gritar pero no pudo. Algo le impedía que sus pulmones tomaran aire. Los tenía paralizados. Caminó ahogándose hacia la playa, vacía a esas horas de la tarde, y deambuló unos segundos tratando inútilmente de tomar una bocanada de aire. Luego todo le dio vueltas y cayó a la arena de bruces, hundiendo su cara en la arena húmeda, mientras los tractores circulaban a pocos metros de donde estaba, tronando sus ruidosos motores.

(c) 2011 Jesús Elorriaga

17 julio 2011

Inocencia

"They told me, when I was little
I'd go to Heaven, if I was good"
De una canción de Melanie Safka, sampleada por KNO en este tema.


INOCENCIA

Braulio tenía cara de buen chico. Con sus ojos azules, su pelo rubio, los rizos y esa sonrisa cristalina en la cara, era el niño más guapo haciendo su Primera Comunión. Pensaba que Dios sabía que él hacía cosas buena en esta vida y que al morir le dejaría estar a su lado. Los curas del cole decían que Dios oía y veía todo, y que en el Juicio Final se acordaría de cada acción de nuestra vida. Braulio odiaba los domingos, sobre todo cuando llovía. A papá no le gustaba el olor de la comida de Mofli, el pequeño galápago que tenían junto a la tele del salón. Decía que olía a mierda y que, por lo tanto, la cena olía a mierda, también.

Cuando viajaba en avión, Braulio pensaba que podría encontrar a sus abuelos en el cielo, flotando sobre las nubes que cubrían la tierra al anochecer. Nunca les pudo ver. El Cielo era aquel sitio a donde irían los niños que tuvieran un buen corazón. El quería tener buen corazón, pero odiaba esos rizos. Siempre que podía se alisaba el pelo con agua antes de coger la ruta. También le hubiera gustado tener los ojos oscuros, ser más alto y tener cara de malo. Así nadie vendría a robarle la bicicleta en la plaza. No le quitarían las croquetas en el comedor del colegio. Podría jugar al fútbol con el resto de compañeros de clase. Tendría más amigos. Pero la gente mala iría al infierno, como le repetían los curas.

Braulio podía estar minutos viendo a Mofli. Sus ojos saltones que parpadeaban muy despacio, la diminuta boca que abría para coger la comida que dejaba en el agua, el color y la dureza de su caparazón, etcétera. Papá un día se enfadó mucho cuando le regañó por una tontería y se tapó los oídos con los dedos. Le cogió de un brazo y gritándole con voz chillona le dio una bofetada. Luego en el cuarto de baño le pidió perdón y se dieron un abrazo. No quiso llorar después de aquello. Llorar es para los débiles, le dijeron en clase. Sólo los maricas y las niñas lloran. Mofli nunca lloraba.

Una tarde de domingo papá leía un libro en su habitación y mamá jugaba a las cartas con la tía Laura en el piso de arriba. Braulio cogió un compás del estuche Pelikán y una Diverti-regla y se dirigió hasta el terrario donde Mofli nadaba tranquilo entre su comida que olía a mierda. Durante unos minutos vigiló sus escasos movimientos, y le acercó un poco de comida con un dedo, intentando que Mofli estirará su cuello. Con la Diverti-regla evitó que escondiera la cabeza y con el compás consiguió clavarle la aguja encima de la cabeza repetidas veces. El pequeño galápago abrió la boca y movió las patitas en silencio. Sacó su lengua de punta y cerró los ojos lentamente, agotado. Un pequeño hilo de sangre corrió por el agua del terrario. El corazón de Braulio latía con fuerza, como si hubiera realizando un ejercicio muy duro de gimnasia. Apenas podía contener el aire al respirar y le temblaban las manos. Pensó en lo absurdo que era que un animal tan pequeño luchara tanto por su inútil vida.

Al cabo de unos minutos vino papá al salón y vio a Braulio junto al terrario. Dijo que Mofli ya no se movía. Que se lo encontró así. Papá se acercó, cogió lentamente al galápago y se lo llevó al baño. Llenó de agua el bidet y colocó a Mofli, que flotaba inerte con la boca semiabierta. Papá miró asustado a su hijo mientras éste miraba con los ojos enrojecidos al galápago. Braulio sintió algo extraño en su cuerpo, como si hubiera atravesado un matorral lleno de espinas del que no podía retroceder. Corrió a su cuarto, abrió la ventana y tiró a la calle la Diverti-regla y el compás. Llovía y los coches hacían ese sonido tan peculiar al pasar por el asfalto mojado.

Odiaba los domingos.

Ya no olería la cena a mierda nunca más.

(c) 2011 Jesús Elorriaga

14 julio 2011

Vámonos de marcha: Sesión remember (II)

Sigamos con mi ruta de la noche madrileña. Ahora nos centramos en locales donde frecuentaba en mi época universitaria (anterior, posterior, durante...). Uno no puede renegar de su pasado y, gracias a mis conversaciones "remember" con mi amigo Javier, le damos un aire excesivamente romántico a lugares y momentos que objetivamente son bastante cutres, pero que con el tiempo vemos con cierta benevolencia.

Tras los inicios en Navy, Morasol, Graf y los primeros andares malasañeros por el Nueva Visión y La Vía Láctea (ayer estuve, por enésima vez, y mira que llevo años…) vino la época botellonera por la plaza de Tribunal y, tras un parón de dos años, volví a deambular, minis en mano, por diferentes zonas hasta acabar en la mítica y ahora denostada, olvidada y desahuciada zona de Alonso Martínez, en concreto su epicentro de la calle Campoamor. Pero vamos por partes, o por zonas, mejor.

- LA TROUPE: En la calle Trafalgar, 15, fue (y ocasionalmente es) nuestro punto de reunión para un grupo de amigos durante casi diez años. Nunca lo he visto lleno, pese a situación, decoración metálica, amplia y cómoda zona del fondo con gran pantalla de televisión. Con las consumiciones puedes devorar los bowls repletos de patatas y ganchitos que van rellenando con frecuencia. Música según el día más o menos interesante, tirando hacia el pop más comercial. Camareras siempre simpáticas. Es el sitio indicado para tomar la primera y poder hablar con tus amigos sin mucha gente alrededor. Tienen un futbolín donde más de una vez nos jugamos alguna consumición. Lo conocimos cuando íbamos al Rajaja, otro sitio mítico que estaba justo enfrente de La Troupe. Actualmente este local es un sitio de tapas, mientras que La Troupe sigue resistiendo pese a la decadencia de una zona que se va alejando cada vez más de los mejores años.
Destacaría de la zona de Bilbao, Zarabanda, Ke Disparate, el Long John Silver (y sus numerosos cambios de nombre en esa sala estrecha a más no poder), y el Ruta 99, garito macarra, desfasado, itinerante, peligroso y contradictorio a partes iguales, pero siempre mítico. Seguro que en algún rincón de otro local encuentro una anécdota digna de mención, pero ahora no caigo. Ah, sí, joder, el Cherokee, con esos listados interminables de chupitos. Tengo una noche loca allí, hace mil años, con 12 chupitos (que yo recuerde) y un poster de condones en un cumpleaños de Jaime. Si un día me veis, tiradme de la lengua y os contaré qué pasó.

- ALONSO MARTÍNEZ: Sí amigos, llegó el momento de descubrirse. Durante años frecuenté esa zona, esos bares, esas calles y toreé algunos coches cuando era el epicentro de la noche popular madrileña (con permiso del ghetto de los bajos de Argüelles y Moncloa). Hoy podría mostraros el vacío, físico y emocional de la calle Campoamor, en un barrio precioso y muy revalorizado que dudo que eche de menos los gritos, las peleas, la música y las risas que cada fin de semana formaban su particular banda sonora.
No me gustaba mucho el 88.2, pero sí que frecuenté el otro local de sus dueños, el mítico Dial. Tras una barra en la entrada, al fondo te encontrabas una pista de baile a la vieja usanza, separada de la barra, decorada con espejos en las paredes. En las noches con más gente, abrían otras salas al fondo, un poco laberínticas. La música que ponían era el dance pop habitual de finales de los 90 y principios del siglo XXI. No fallaba, dentro de la procesión de ir por Alonso, caer por el Dial. Sé que no fue el mejor garito del mundo, pero el verlo abandonado ahora, no puedo evitar acordarme de algunos momentos vividos (y abandonados también) allí. Pero eso sí, sin la más minima sensación de nostalgia.
Otro sitio, aparte de Autores (donde sí que había en sus mejores años buena música y buen ambiente, sobre todo en sus catacumbas) que visitamos en su día bastante a menudo fue Noches de Eclipse. Lo vimos nacer, crecer y degenerarse en muy poco tiempo. La música era buena, pero no estaba muy alta. Tenía un aire oscuro y siniestro que lo hacía bastante sofisticado e intimista, y se refugiaban rara avis de la zona. Había una barra en forma de cuadrado al fondo a la derecha y luego otra pequeña barra en otro pasillo junto a los baños, más escondida. Luego con los años fue degenerando (de ambiente, música y estilo) y actualmente, como sucede con otros muchos locales de la época, se encuentra en silencio, cerrado y abandonado, en la calle Regueros. Por suerte todavía queda vivo en esa calle un local muy interesante, El búho real, donde dan conciertos, buena música en general, te puedes sentar a tomar algo y ser afortunado si sacas una bola de un saco que te permite no pagar tu consumición esa noche.

- MALASAÑA: Cómo no, destacaría de esta época el Al’ Laboratorio, donde vi el primer concierto de Lastrick, los míticos locales de la Plaza de San Ildefonso, el Alifanfarón y el Grial (buenos recuerdos, gran sala con ladrillos en la parte de abajo, como si de una bodega se tratase, música rockera de calidad), el Motherfucker, el Mago, el Mercurio (Por aquí a veces caigo hoy. Excelente rock.) y la sala Maravillas (Ahora sala Nasti, uno de los sitios a los que voy actualmente. Sencillamente, es sinónimo de buena calidad gracias al tabajo de Chema García. Es historia viva de Malasaña, imprescindible) Recuerdo especial para Kike Turmix, al que vi pinchar grandes sesiones de música de la buena en el No Fun o en La Huevería. Mención aparte está el Morgenstern, cuyos dueños se mudaron hace años a una sala muy buena, el Wurlitzer Ballroom, de la que hablaré en el próximo post "marchoso". Quién no recuerda los consejos en la puerta del jefe (“las copas se quedan dentro, nada de drogas, etc.”) y siempre al límite con el tema de horarios. Ahí ponían la mejor música de Malasaña.

Se me quedan en el tintero sitios, anécdotas y mil historias de decenas de locales (Aquella noche para el olvido - o el recuerdo - en la Consulado, el Lenny, el humo del Marx Madera, el bar semi clandestino de un hotel, Oh! y autobuses Llorente, el Pepitas, El Down, El Bocaccio a los 15, el Dreams en el 98, etc.) pero como se suele decir, esas son otras historias. En la próxima entrada de vámonos de marcha repasaremos mi actual vida nocturna madrileña.

30 junio 2011

Splitscreen: A Love Story

Dos personas, una que vive en New York y la otra en París, cruzan medio mundo hasta que se encuentran. Grabado con un Nokia N8. Me gustó.

21 junio 2011

Cientos de mentiras



Deluxe - Cientos de mentiras (letra y música: Xoel López)

Qué triste pensar que existe un final,
más triste es lo que ves, esperas que no sea verdad.
Dicen que es generacional,
pasan los años no parece que vaya a cambiar.

Las noticias siempre dicen lo mismo,
cientos de mentiras cruzan nuestro organismo.
Y si esa es la realidad,
pues ¿cuánto más?, ¿cuánto más tendré que esperar?

Sé que lo que ves no es alentador,
el niño mata hormigas simplemente por diversión.
Lejos de aquí no hay mucho más,
nos vendíais tanto el cielo y resulta que no era verdad.

Las noticias siempre dicen lo mismo,
cientos de mentiras cruzan nuestro organismo.
Y si esa es la realidad,
pues ¿cuánto más?, ¿cuánto más tendré que esperar?

16 junio 2011

Pernod Fils

Hay días en los que desearía correr y no parar nunca. Y que algunas noches húmedas fueran directas hacia el infinito. Tu boca me dice piérdeme y me contengo, agarrando con fuerza una botella rota. Quizás hoy tenga demasiadas nubes a mi alrededor. Por eso las espanto con este paraguas y bebemos, una vez más. Tirado encima de tu cama me dices que soñaste que intentabas matarte haciendo explotar varias veces una granada en tu cabeza. Las dos primeras veces sentiste un relámpago violento y después se todo se fundió hacia una calma blanquecina. Algo parecido al estalido de un chupito de esos cayendo en mi estómago sin compasión. En el tercer intento preferiste dejar las granadas y marchaste a ver lo que quedaba de ti en un espejo. Todo perfecto. Tan perfecto. Tan bella y tan maldita. Siempre podemos intentar vivir de nuevo, otra vez más. En el salón de los muebles viejos, la gente baila y ríe en grandes cantidades. Beben en otras tantas. Y yo te observo sentado en el sillón, engullido por él. Quisiera recuperar la calma posterior al llanto de nacer. La liberación del ser superior. Y también quisiera levantarte esa falda y perderme dentro de ti. La lluvia de afuera no impide que los gatos nos vigilen en los portales. Y por la calle busco las sombras de tus garras pero me encuentro perdido en cada carcajada que no puedo evitar. Me tambaleo mientras vamos cogidos de la mano y me cuentas mil historias que siempre son las mismas con voces distorsionadas. Y en tus ojos gatunos se dejan caer los párpados, al igual que tus piernas. Te recojo inconsciente del suelo y miro un horizonte que está cada vez más cerca. La nada no importa nada. El infinito se esconde en una luz de esa ventana que nos vigila. El viaje al fin de la noche no debería finalizar en esta parada.

(c) 2011 Jesús Elorriaga

08 junio 2011

Free/Libre



I have no idea to this day what those two Italian ladies were singing about. Truth is, I don't want to know. Some things are best left unsaid. I'd like to think they were singing about something so beautiful, it can't be expressed in words, and makes your heart ache because of it. I tell you, those voices soared higher and farther than anybody in a gray place dares to dream. It was like some beautiful bird flapped into our drab little cage and made those walls dissolve away, and for the briefest of moments, every last man in Shawshank felt free.

No tengo la más remota idea de qué coño cantaban esas dos italianas. Y lo cierto es que no quiero saberlo. Las cosas buenas no hace falta entenderlas. Supongo que cantaban de algo tan hermoso que no podía expresarse con palabras. Y que precisamente, por eso, te hacía palpitar el corazón. Os aseguro que esas voces te elevaban más alto y más lejos de lo que nadie viviendo en un lugar tan gris pudiera soñar. Fue si como un hermoso pájaro hubiera entrado en nuestra monótona jaula y hubiese disuelto aquellos muros. Y por unos breves instantes hasta el útimo hombre de Shawnshank se sintió libre.

07 junio 2011

Vámonos de marcha: Sesión remember (I)

El pasado fin de semana, con motivo de la boda de un amigo, volví a ver a Javier, con quien he compartido muchos buenos momentos, entre ellos, nuestras primeras "salidas" por la tarde/noche madrileña. Yo ya me había estrenado antes en las fiestas de Corcubión, con los gin-kas junto a mi colega Tano, los tumbadioses y alguna fiesta de la espuma en la discoteca local. Con 13 o 14 años, evidentemente, todas estas cosas se magnifican, así que con esa disposición me adentré en el mundillo de los bares, discotecas, discopubs, garitos o como coño queramos llamarlos. De los cuatro o cinco adolescentes inberbes que quedamos para salir la primera vez, sólo sigo viendo a Javier. Con él muchas veces recordamos aquellos sitios que nos hacían desafiar a los porteros, amplificar los efectos de las primeras copas y acercarnos con timidez al género femenino entre los sonidos novedosos de la música de entonces. Aquí os muestro un ejemplo de todo aquello.

- NAVY: Quién me diría a mi que empezaría a salir por Madrid en un "disco-pub" (sí, horrible término para designar locales de este tipo). Solíamos merodear sobre las 7 y media de la tarde y allí se juntaban la muchachada adolescente de la época, con las chicas bien pintadas y perfumadas y los chavales fumando y manteniendo la pose de duros. Entrábamos gracias al contacto de uno de nuestros colegas, al que le faltaban varios dedos de una mano y que siempre estaba con una chica a su lado. Dentro te encontrabas el aire marinero que hacía honor a su nombre. Una barra a la derecha donde pedía San Franciscos y Ginebra con limón, varias mesas y asientos, y una pista de baile donde sonaba siempre el "Get off" de Prince, mucho funk y temas dance pop de la época. Cuando dejamos de ir se convirtió en un sitio espcecializado en público adulto (más de 40 años). Hace poco cerraron sus puertas tras más de viente años abiertos.

- MORASOL: Creo que fue el primer sitio que realmente me gustó. Era amplio, ponían buena música y siempre me encontraba a alguien conocido. Quedábamos en Plaza Cataluña, a sólo unos metros de Auditorio Nacional. Aquí venía Jose, con el que también quedo a menudo en la actualidad. Morasol estaba en una plaza donde se amontonaba la gente junto a la entrada. También desde esa entrada veía cómo sacaban a más de uno totalmente borracho a que le diera el aire cuando cerraban sus puertas, a eso de las 11, creo. Dentro ponían mucho pop, temas de los clash, buena música dance y sus momentos baladitas. La sala era enorme, y tenía un gran escenario donde nos subíamos cuando más efusivos estábamos. No recuerdo por qué dejamos de ir, sólo sé que poco después cerraron la sala y actualmente está reconvertida en un cine multisalas.

- GRAF: Sitio oculto en los bajos de un edificio en María de Molina. A veces nos ibamos a tomar algo antes al famoso Kronen, que en realidad era una cervecería llamada Kronenburg, junto a compañeros del instituto de Jose. Javi también venía con nosotros, y Paco, el que se casó el pasado finde y con el que también coincidimos en la Morasol. Graf era una sala no excesivamente grande, pero ponían buena música. Recuerdo algunos momentos gloriosos de Sweet child of mine y el Smells like teen spirit, cantándolos a pleno pulmón. También eran clásicas las múltiples redadas de la policía buscando menores bebiendo alcohol. Tenía un aire un poco más selecto que los anteriores sitios, y ahora se llama Art Decó. Años después mi padre tuvo un momento mítico allí, cuando se fue con compañeros de la oficina en la típica cena de Navidad y una vez dentro le pidió al DJ que si podía bajar un poco el volumen de la música. Con dos cojones.

- LA POCHA: Seguíamos descubriendo todo tipo de garitos, hasta que una noche nos hablaron de La Pocha y estuvimos varios meses yendo allí, fichando cual funcionarios. Acabé un poco harto de ir siempre al mismo sitio, pero no se estaba nada mal dentro. La Pocha era bastante pequeño, tenían un billar al fondo donde nos juntábamos todos. El sitio estaba cerca de Nuevos Ministerios y, no sé por qué, lo asocio a una época en la que escuchaba mucho Radio Vinilo, una radio excelente de música de importanción del dial madrileño.

- NUEVA VISIÓN/LA VÍA LÁCTEA: Míticos garitos de la noche madrileña y malasañera. Con Jose y compañía descubrí estos sitios, mezclando alcohol, besos y buena música. Todavía sigo yendo a estos dos sitios y es que apenas han cambiado desde entonces. Los sofás de La vía láctea tienen mil historias que contar, al igual que las paredes del billar del fondo, aunque la parte de arriba no me convencía tanto. La música, excelente. En el Nueva Visión, ya eran famosos sus baños y el buen criterio musical del dueño. Entonces sólo tomaba cerveza, aunque ahora, en algúna que otra celebración, cae un chupito de absenta.

02 junio 2011

Escribir frío


- Ojalá pudiera escribir frío como tú. A mí me afecta todo, como las nubes de hoy, por ejemplo. Siento un pánico a que se abra un agujero en el cielo y me engulla. Fiuppp! Así, como un oso hormiguero. Al ser tan pequeña creo que ese miedo se me agarra más fuerte a los músculos. Y luego se nota en el escenario, no lo creas. Me siento más insegura, las piernas me tiemblan y luego no me salen los movimientos planeados. ¿Te parece que tengo poco pecho? ¿Te gusta el nuevo peinado que me he hecho? Era el favorito de Jack. Tú no le conoces, trabajaba en otro estado. Una pelea le dejó destrozado el ojo derecho y fue cuando empezó a ser violento conmigo. Pero tú eres diferente. Tus nudillos todavía no están cubiertos de costras. Mira, puedo cogerte esos dedazos que tienes y dejar que me acaricien la piel. ¿Te gusta? Tengo que retomar mi diario y ponerme a escribir en serio, pero cuando llego por la noche tengo tantas ganas de dormir que no puedo ni agarrar un boli. Bailar exige mucha concentración y esfuerzo. Y que no se te escape ningún billete del tanga también. Los clientes suelen ser respetuosos. Siempre hay alguno que me llama “Enana”, “Monstruo”, “Piltrafilla”, pero Julien se encarga de echarles por las buenas o por las malas. Si por mí fuera, les metería en un cubo de basura bien lleno de mierda y los tiraría rodando cuesta abajo. Algún día conseguiré dinero suficiente para largarnos de este lugar. Y yo no bailaré para nadie más que para ti. Y tú dejarás de destrozarte las manos en esas peleas ilegales. Y podrás escribir mucho, tendrás todo el tiempo del mundo para hacerlo. Y me leerás tus cuentos y yo te escucharé embelesada. Como aquellos poemas que me dabas en nuestras primeras citas, o como el cuento que me regalaste en mi último cumpleaños, o aquel que me leíste cuando me quitaron el apéndice y me pasé toda aquella noche en el hospital. Tenía tanto miedo ¿recuerdas? Pero apareciste tú y me sentí mejor. Me lo leíste al oído, con tu vozarrón a punto de romperse al intentar susurrármelo para que los viejos que teníamos en la habitación no te oyeran. Cogiéndome de la mano mientras afuera caía una tormenta de granizo. Otra más, sí. Por qué me afectarán tanto esas chorradas. Ya lo sé, son chorradas de una niñata que sólo sabe bailar en ese escenario, moviendo el culo y las tetas para unos salidos. Pero no lo puedo evitar. Escribo y se me saltan las lágrimas. A veces pienso que este mundo es demasiado grande para mí. Muy cruel. Injusto. Y que sólo te tengo a ti. Y que si algún día, en una de tus estúpidas peleas, alguno de esos malditos enanos perdedores te matara… no sé qué sería de mí. Mira, ¿ves? Sólo de pensarlo ya me entra la llorera. Ojalá pudiera escribir frío como tú.
- El problema es que hablas demasiado.
Martín se acercó a ella y le puso en brazo encima de los hombros.
- Eres la mejor bailarina del mundo. Y yo apenas puedo agarrar un jodido bolígrafo sin que se me resbale de mis manos.
- A mí me gusta tu estilo –dijo Carol.- Por eso te quiero sólo a ti.
- Por qué no bailas un rato para mí. Quiero ver cómo te mueves. He tenido una tarde muy dura ahí dentro.
- Está bien, pequeñito. Pero tienes que prometerme que escribirás más y pelearás menos.
- Ya estás hablando demasiado otra vez.
- Lo siento.
- Baila como tu sabes, anda.
Y Carol se levantó y en el callejón improvisó un baile bajo la luz de una noche de tormenta.

(c) 2011 Jesús Elorriaga

21 mayo 2011

Hora de despertar

Texto de Antonio Muñoz Molina, publicado en la página personal del autor el viernes 20 de Mayo de 2011

"He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.

Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.

El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critiacan no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora,o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.

He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.

Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.

Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.

Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto."


17 mayo 2011

Versus

Aquel día Martín pudo ver, con los ojos cerrados, todo lo que sucedía al otro lado de la ventana de su habitación. El mundo parecía encajar como en un tablero de piezas perfectas. Lo que debería ser, era, y lo que quería que sucediera, pasaba. No existían más razones para torturarse delante del espejo pensando “viejo idiota, has malgastado toda tu puñetera vida”. Acarició su cuerpo y notó que no había estrías de malos recuerdos. El azul de sus ojos volvió a brillar gatuno como en su adolescencia. Los músculos recuperaron la fuerza y definición de sus años de soldado en una guerra olvidada ya por todos. En sus sueños desapareció el estado de alerta, ya no se mezclaban los ruidos del combate, el aturdimiento de los días sin tregua hacia ninguna parte, las trincheras de placeres clandestinos y los campos de batalla poblados de minas antipersonalidad. Comprendió que podía, al fin, aprender a escuchar, a medir correctamente cada palabra que oía, cada gesto y situación aparentemente excepcional que le sucedía. Ahora sólo necesitaba salir a la calle para sentir la calidez del sol y el aire lleno de vida.

Pero cuando abrió la puerta se encontró con un hombre más joven que él, apoyado en las escaleras de la entrada. Cuando le oyó abrir la puerta se giró y se lanzó a por él, con la cara extremadamente pálida y unos ojos grises que le resultaron muy familiares. Con sus manos delgadas, apretó con fuerza el cuello de Martín, sin que pudiera escapar de esa agonía. Aún así, le miraba y algo en su rostro le imposibilitaba defenderse. No podía atacarse a sí mismo. Era una directriz implícita que no podía violar. Se fueron cerrando lentamente sus ojos hasta que perdió el conocimiento en esa extraña confianza que le hizo pasar de la duda al aturdimiento. Como si esperara un mensaje de confirmación de lo sucedido mientras iba cayendo de un inmenso tobogán hacia una realidad inesperada. Sin apenas darse cuenta volvió a encontrarse en su cama, inmóvil y sedado, con la cabeza girada hacia la ventana, en una posición en la que quizás llevaba horas, días, semanas. Con gran esfuerzo alzó un brazo hacia la ventana, tratando de agarrar aquellas luces que se le escapaban de su visión moribunda. Cerró los párpados, incrédulo, ante una realidad que todavía quedaba por delimitar más allá de los pies de su cama.


(c) 2011 Jesús Elorriaga

25 abril 2011

VAPOR DE VIDA

"- Una vez en uno de los viajes pasó algo malo. No nos advirtieron que había hombres trabajando en las vías. Llevábamos un tren con yeso hacia Äkäslompolo. A la fábrica de cemento.
- Ya.
- Había un tipo que estaba encima de un puente pequeño. Estaba moviendo una bandera roja. Cuando me di cuenta de ello frené lo más fuerte que pude. Él se puso a correr delante del tren... Splash, splash
- ¿No le dio tiempo a escapar?
- No. Intentó salvar a su amigo.
- Ya.
- Todavía tengo pesadillas sobre eso. Estaban sólo a diez coches. Los chicos acabaron debajo. Pero su muerte fue…
- Instantánea.
- Sin sufrimiento. No estuvo en el hospital mucho tiempo… Más tarde conocí a la hermana de uno y a la mujer del otro… No debería haber contado nada de esto.
- A veces es bueno hablar."
(Fragmento de Steam of life, un documental impresionante de Joonas Berghäll & Mika Hotakainen)



"Naked Finnish men sit in the sauna and speak straight from their heart"

19 abril 2011

CAZADORA DE MOSQUITOS


Isabel cazaba mosquitos con sus zapatillas de andar por casa y Alex se ponía detrás de ella para que le protegiera. Ella era pequeña, diminuta, con cuerpo de niña, pero tenía una voz poderosa que amedrentaba a cualquiera que osara detenerla. Él tenía las manos grandes, un cuello duro y un cuerpo agigantado que abrazaba con ternura a Isabel en la cama como si fuera una almohada blanda. A los dos no les temblaba el pulso cuando apuntaban con sus escopetas a empleados de bancos, farmacias, casas de apuestas y joyerías que atracaban.

La gente decía que eran peligrosos. Imparables en la carretera. Crueles con los que ofrecían resistencia. A ellos, en cambio, les gustaba pensar que formaban un equipo sólido. Él, fuerte y tranquilo. Ella, valiente y habilidosa. Se sentían vulnerables en un mundo que consideraban cruel y desproporcionado. Por eso les unía un amor indestructible que les protegía mezclando pasión y aventuras en idénticas cantidades. Lo que fuera necesario con tal de sentirse vivos. Poderosos. Juntos volaban por encima de los posos de cotidianeidad entre persecuciones y disparos. Cada día podía ser el último y el corazón, a veces, les latía con tanta fuerza que ensordecía el amenazador ruido del peligro que siempre les acosaba.

En los momentos de calma, imaginaban el lugar donde se retirarían cuando ese estilo de vida dejara de interesarles. Recorrerían la distancia que les separaba de la interminable Asía, atravesarían la cordillera del Himalaya y llegarían hasta Mongolia. Allí vivirían en yurtas, cazarían osos y observarían aliviados con unos prismáticos el mundo que dejaron atrás. Tendrían tiempo de sobra para soñar despiertos sin pensar en cómo sobrevivir.

Ahora los dos se encuentran separados en cárceles distintas. Algo falló en su último atraco y la condena fue ejemplar. Apenas pueden comunicarse, sólo mediante breves mensajes cada semana. El tiempo pasa delante de sus ojos como cortinas de lluvia ralentizada. Alex es incapaz de salir de su celda. Se siente demasiado vulnerable en este mundo cruel y desproporcionado sin poder abrazar el cuerpo almohada de Isabel. Caminar por los fríos pasillos y deambular por el patio no tiene sentido sin ella. Respirar tampoco. Ahora quién cazará esos temerosos mosquitos que no le dejan dormir por las noches.

(c) 2011 Jesús Elorriaga


Ahora escucha esto:

http://www.goear.com/listen/2e0790c/the-lighthouse-interpol


It's the place that's said to break
It's just as safe from the outside tonight

And I want that

I face the storms at the tides
From the lighthouse

And I want that
Unleash the storm and the night

What do the waves have to say now?
What do the waves have to say now? Slow now
And let the waves have their way now
Slow, and let the waves have their day
And I want that
Here I've been living on roofs made from sin
Upward and outward, "Begin, begin."
Here I've been lucid I'm living within
Inwardly urgent, I'm sinking again
The Lighthouse


10 abril 2011

Lumet

"Mientras que el objetivo de todas las películas es entretener, la clase de cine en la que yo creo va un paso más allá. Pretende que el espectador analice uno u otro aspecto de su propia conciencia, que estimule la mente y el pensamiento" (Sidney Lumet)


Dice Enrique Urbizu en un artículo publicado hoy en El País, que Sidney Lumet trató al espectador como un igual y nunca pensó que fuéramos un rebaño de imbéciles. Me gusta su estilo al describirle como un cineasta honesto, sin concesiones, respetuoso con la narrativa, con el poder del guión y sobre todo con el talento de sus actores. Para mí era (y es, porque sus obras siguen vivas) un cineasta de referencia. Un maestro. Un ejemplo. Puso broche de oro a su carrera con Antes de que el diablo sepa que estas muerto - Before Devil knows you're dead, (2007) con una historia violenta, dura, narrativamente sorprendente pero en absoluto efectista. Desde sus inicios marcados por las influencias de sus trabajos en televisión, reflejado en 12 Hombres sin piedad - 12 Angry men, (1957) hasta su época más fructífera en los 70 y 80 siempre ha sido fiel al uso del cine como herramienta de comunicación de historias sociales, de perdedores con dignidad, de ejemplos de superación interna, de personajes íntegros. De personas, con todas sus luces y sombras, luchadoras a la contra en un entorno equivocado.
Mis favoritas son Serpico (1974), ejemplo del montaje al servicio de la narrativa, Tarde de Perros - Dog day afternoon, (1975), Network (1976) - ver post más abajo homenaje al inolvidable y actual discurso de Peter Finch - y por encima de todas, Veredicto final - The Verdict (1982). En esta película Paul Newman fagocita, devora, muta en un personaje condenado al ostracismo, a la marginación. Un perdedor que sólo confía en un instinto. Que se agarra a un aparente caso olvidado para luchar por la dignidad de una víctima de errores médicos y por su propia dignidad, tanto profesional y como personal.



Siempre en el recuerdo, Sidney Lumet (1924-2011)

02 abril 2011

Modales


Lauren Bacall: No me gustan sus modales.
Humphrey Bogart: A mi tampoco los suyos y no he pedido esta entrevista, a mi tampoco me gustan mis modales, me hacen llorar las noches de invierno y me importa tanto que le moleste como que se tome la sopa con tenedor.

El sueño eterno, The big sleep (Howard Hawks, 1946) http://www.imdb.com/title/tt0038355/

25 marzo 2011

Sentidos V:Gusto

Para acabar con esta serie, diez cosas que me gustan saborear


- Vaso de bourbon. Hielo. El primer trago. Ese sabor a madera añeja bajando hasta la garganta.
- Brownie de chocolate (la mezcla entre frío y caliente) o un Chocolatísimo del Gino's.
- Un buen plato de comida hecho por uno mismo.
- Manzana bien fresca y crujiente. El primer mordisco.
- La amargura de un buen té, sin azucar ni leche.
- Tomarme un helado en Verano, sentado en una calle concurrida, viendo a la gente pasar.
- Beber con amigos a los que hace tiempo que no veo, compartir buenos momentos.
- Esa cerveza bien fría en una terraza lejos del calor.
- Un primer beso. Siempre sabe a diferente. A desconocido. Como una buena película. Un nuevo mundo empieza y termina ahí.
- El sabor de la victoria, claro que sí. Es el mejor de todos.

20 marzo 2011

Esperando la Primavera

"A mediodía volvió al campo de béisbol. El sol seguía irritado. El terraplén que rodeaba el rombo se había secado y casi toda la nieve se había derretido. En un oscuro rincón pegado a la valla del campo derecho el viento había amontonado la nieve y bordado encima un encaje de porquería. Pero por lo demás estaba bastante seco, y hacía un tiempo ideal para entrenarse. Pasó el resto del descanso del mediodía consultando con los miembros del equipo. ¿Qué os parece si entrenamos esta noche? El terreno está perfecto. Le escucharon con cara de extrañeza, hasta Rodríguez, el catcher, el único de todo el colegio a quien el béisbol le entusiasmaba tanto como a él. Espera, le dijeron. Espera a la primavera, Bandini. Discutió con ellos por aquella cuestión. Ganó la disputa. Pero al acabar las clases, tras permanecer sentado y solo durante una hora al pie de los álamos que flanqueaban el campo, supo que los demás no acudirían y se fue a casa despacio, pasando ante la casa de Rosa, por el mismo lado de la calle, pegado al borde del césped de la entrada. La hierba estaba tan verde y hermosa que sentía su sabor en la boca. Una mujer salió de la casa de al lado, cogió el periódico, repasó los titulares y se le quedó mirando con suspicacia. No hago nada: es que pasaba por aquí. Se puso a silbar un himno y siguió andando por la calle."

"Espera a la Primavera, Bandini", de John Fante.

12 marzo 2011

Sentidos IV:Tacto

Diez cosas que me gustan tocar

- La piel cálida libre de vello
- La redondez de un culo o unos pechos que me gustan (previo consentimiento, claro)
- Acariciar un gato, sobre todo la garganta, al ronronear
- Me gusta pasarme la mano por mi cabeza cuando me rapo
- Si estoy nervioso, manosear los dientes de mis llaves, o mi llavero de los Jam
- La lija de mi tabla de longboard
- El interior de mi cazadora Carhartt
- El tacto de un balón de fútbol nuevo
- Arena de la playa muy fina, sobre todo bajo el mar, al bucear (casi ni me acuerdo...)
- Invierno. Interior noche. Frío en el ambiente. Calor bajo un nórdico.

08 marzo 2011

Las casualidades no existen

Artículo de Borja Vilaseca, publicado en El País el pasado 6 de Marzo de 2011:

No somos marionetas en manos del azar. La vida no es un accidente regido por la suerte ni las coincidencias. Por más que nos cueste creerlo, recogemos lo que sembramos. Veamos la vida como un continuo aprendizaje.

Formamos parte de una sociedad materialista, desencantada del mundo en el que vivimos. Por eso, en general solemos creer que nuestra vida es un accidente regido por la suerte y las coincidencias. Es decir, que no importan nuestras decisiones y nuestras acciones, pues en última instancia las cosas pasan por "casualidad". Esta visión nos convierte en meras marionetas en manos del azar.

En paralelo, muchos individuos nos hemos vuelto "nihilistas". No es que no creamos en nada. Simplemente "negamos cualquier significado o finalidad trascendente de la existencia humana". De ahí que orientemos nuestra vida a saciar nuestro propio interés.

Pero ¿realmente la vida es un accidente que se rige de forma aleatoria? ¿Estamos aquí para trabajar, consumir y divertirnos? ¿Acaso no hay una finalidad más trascendente? Lo irónico es que la existencia de estas creencias limitadoras pone de manifiesto que todo lo que existe tiene un propósito, por más que muchas veces no sepamos descifrarlo. No en vano creer que no tenemos ningún tipo de control sobre nuestra vida refuerza nuestro victimismo. Y pensar que la existencia carece por completo de sentido justifica nuestra tendencia a huir constantemente de nosotros mismos.

Es decir, que incluso estas creencias no están ahí por casualidad, sino que cumplen la función de evitar que nos enfrentemos a nuestros dos mayores temores: el "miedo a la libertad" y el "miedo al vacío". Mientras sigamos creyendo que nuestra propia vida no depende de nosotros, podremos seguir eludiendo cualquier tipo de responsabilidad. Y mientras sigamos pensando que todo esto no es más que un accidente, podremos seguir marginando cualquier posibilidad de encontrar la respuesta a la pregunta ¿para qué vivimos?

DEL POR QUÉ AL PARA QUÉ

"El caos es el orden que todavía no comprendemos"(Gregory Norris-Cervetto)

Cegados por nuestro egocentrismo, solemos preguntarnos por qué nos pasan las cosas, en lugar de reflexionar acerca de para qué nos han ocurrido. Preguntarnos por qué es completamente inútil. Fomenta que veamos la situación como un problema y nos lleva a adoptar el papel de víctima y sentirnos impotentes.

Por el contrario, preguntarnos para qué nos permite ver esa misma situación como una oportunidad. Y esta percepción lleva a entrenar el músculo de la responsabilidad. Una actitud mucho más eficiente y constructiva. Favorece que empecemos a intuir la oportunidad de aprendizaje subyacente a cualquier experiencia, sea la que sea.

Y esto es precisamente de lo que trata la "física cuántica". En líneas generales, establece que "la realidad es un campo de potenciales posibilidades infinitas". Sin embargo, "solo se materializan aquellas que son contempladas y aceptadas". Es decir, que ahora mismo, en este preciso instante, nuestras circunstancias actuales son el resultado de la manera en la que hemos venido pensando y actuando a lo largo de nuestra vida.

Si hemos venido creyendo que estamos aquí para tener un empleo monótono que nos permita pagar nuestros costes de vida, eso es precisamente lo que habremos cocreado con nuestros pensamientos, decisiones y comportamientos. Por el contrario, si cambiamos nuestra manera de pensar y de actuar, tenemos la opción de modificar el rumbo de nuestra existencia, cosechando otros resultados diferentes. El simple hecho de creer que es posible representa el primer paso.

LA TEORÍA DEL CAOS

"El aleteo de una mariposa puede provocar un 'tsunami' al otro lado del mundo" (proverbio chino)

Lo mismo nos sugiere "la teoría del caos". Por medio de complicados e ingeniosos cálculos matemáticos "permite deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios". Dentro de estas investigaciones, destaca "el efecto mariposa". Para comprenderlo, un ejemplo: imaginemos que un chico se va un año fuera de su ciudad para estudiar un máster en el extranjero. Y que al regresar a casa entra a trabajar de becario en una empresa. Allí aparece una nueva becaria, a quien sientan a su lado. Nada más verse, los dos jóvenes se enamoran. Y seis años más tarde se casan, forman una familia y viven juntos para siempre.

En este ejemplo, "el efecto mariposa" estudiaría la red causal de acontecimientos que hicieron posible que el chico coincidiera con la chica en un lugar físico determinado en un momento psicológico oportuno.

Al observar su historia detenidamente, comprobamos que el joven decidió estudiar un máster a raíz de la separación con su exnovia, a quien conoció años atrás en una discoteca. Remontándonos a esa noche de fiesta, destaca que el chico decidió salir con sus amigos tras perder una apuesta. Es decir, si no hubiera perdido la apuesta no habría ido a aquella discoteca y, en consecuencia, no habría conocido a su exnovia. Y si esta no lo hubiera dejado, no habría estudiado el máster, que es lo que le permitió entrar a trabajar de becario. Y fue precisamente este empleo el que le posibilitó conocer y enamorarse de la mujer con la que pasaría el resto de su vida. Perder una simple apuesta le llevó a ganar un amor eterno.

LA LEY DE LA SINCRONICIDAD

"Lo que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino" (Carl Jung)

Nuestra existencia no está gobernada por la suerte ni el azar, sino por "la ley de la sincronicidad". Esta determina que "todo lo que ocurre tiene un propósito". Pero como todo lo verdaderamente importante, no podemos verlo con los ojos ni entenderlo con la mente. Esta invisible red de conexiones tan solo puede intuirse y comprenderse con el corazón.

La ley de la sincronicidad significa que "aunque a veces nos ocurren cosas que aparentemente no tienen nada que ver con las decisiones y las acciones que hemos tomamos en nuestro día a día, estas cosas están ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos, de nuestra manera de disfrutar la vida".

De ahí que mientras sigamos resistiéndonos a ver la vida como un aprendizaje, seguiremos sufriendo por no aceptar las circunstancias que hemos cocreado con nuestros pensamientos, decisiones y acciones. No existen las coincidencias. Tan solo la ilusión de que existen las coincidencias. De hecho, "la ley de la sincronicidad" también ha descubierto que "nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestra manera de pensar determinan en última instancia no solo nuestra identidad, sino también nuestras circunstancias".

Por ejemplo, que si somos personas inseguras y miedosas, atraeremos a nuestra vida situaciones inciertas que nos permitan entrenar los músculos de la confianza y la valentía. Así, los sucesos externos que forman parte de nuestra existencia suelen ser un reflejo de nuestros procesos emocionales internos. De ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos.

LA LEY DEL KARMA

"Cada uno recoge lo que siembra"(Buda)

Si bien la "física cuántica", "la teoría del caos", el "efecto mariposa" y "la teoría de la sincronicidad" son descubrimientos científicos llevados a cabo en Occidente a lo largo del siglo XX, lo cierto es que no tienen nada de nuevo. En Oriente se llegó a esta misma conclusión alrededor del siglo V antes de Cristo. Según los historiadores, por aquel entonces se popularizó "la ley del karma", también conocida como "la ley de causa y efecto".

La ley del karma afirma, en esencia, que "todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias". De ahí que en el caso de que cometamos errores, obtengamos resultados de malestar que nos permitan darnos cuenta de que hemos errado, pudiendo así aprender y evolucionar. Y en paralelo, en el caso de que cometamos aciertos, cosechemos efectos de bienestar que nos permitan verificar que estamos viviendo con comprensión, discernimiento y sabiduría.

Esta es la razón por la que los sucesos que componen nuestra existencia no están regidos por la "casualidad", sino por la "causalidad". Según "la ley del karma", cada uno de nosotros "recibe lo que da", lo que elimina toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo.

02 marzo 2011

Sentidos III:Olfato


Olfato: Diez cosas que me gustan oler

- Mi desodorante y mi colonia
- Cuerpo recién salido de la ducha (y luego sexo)
- Taller de reparación de motos (connotaciones de infancia, ver posts de más abajo)
- Comida en el horno. Sobre todo ir por la calle y oler pizza
- Esas zapatillas nuevas que salen de la caja y te las pones por primera vez
- Gasolina de un Zippo
- El mar cuando sales del coche tras un largo viaje
- Su cuello con olor a su perfume favorito
- Tormenta de verano (los momentos previos, humedad, viento, las nubes, hierba mojada...)
- Papelería o una tienda de muebles rústicos